Las personas, a diferencia de los animales, seres estos infinitamente más inteligentes que nosotros, hacemos todo aquello que vemos hacer a los demás. Esto es debido a una ley muy primaria por la que se rige el ser humano desde sus orígenes, y que no distingue entre clases sociales. La ley del culo veo, culo quiero, viene a englobar en su desarrollo parámetros tales como la envidia o la falta de talento y/o personalidad. Con la sola aplicación de esta ley, es posible probar muchos de los repetidos comportamientos generalizados que, de forma cotidiana, podemos observar en cualquier parte, como por Ej., las modas. Que un chaval de doce años adopte, de la noche a la mañana, la costumbre de llevar un pantalón a medio caer, sin importarle enseñar los calzoncillos, o que muchas mujeres se den de guantazos en los mercadillos para conseguir el último bolso de imitación…de Dolce & Gabbana, son conductas culo veo, culo quiero. Sin embargo, aunque pueda resultar atractivo demostrar que, efectivamente, nuestras capacidades intelectuales o de raciocinio, inexistentes en los animales, no nos hacen superiores a ellos, no es ese el motivo de mis observaciones. Mi interés radica en otro tipo de acciones bien simples, (aunque no por ello dejan de ser fascinantes) que de forma automática el ser humano desempeña y que, aparentemente son más difíciles de explicar. Sea este el caso del consabido matrimonio que por los siglos de los siglos forme la oreja, cual fuera izquierda o derecha, de cualquier carpintero y su eterno lápiz; pensemos acerca de ello. Dudo que la colocación de dicha barra de grafito y madera, en la oreja, por parte de estos artesanos del embero y el sapeli, sea fruto de moda alguna. El origen de esta maravillosa maniobra hay que buscarla en la perfecta distribución mecánica de las articulaciones superiores que conforman nuestro cuerpo en relación al uso inconsciente que hacemos de ellas. (Las articulaciones). Si nos colocamos en la posición de trabajo del carpintero, bien sentados o bien de pie, y cogemos verticalmente un lápiz con la mano, podremos comprobar que, haciendo bascular el antebrazo sobre una bisagra imaginaria que sería el codo, y trazando una curva en dirección hacia nosotros mismos cuya cuerda correspondiera a la distancia entre los extremos de la hipotenusa de un triángulo rectángulo, siendo a la vez el codo el vertice del ángulo opuesto a la hipotenusa de dicho triángulo, el lápiz irá a parar justo a la parte superior de nuestra oreja, acoplándose entre ésta y un lateral de la cabeza de forma matemática y precisa. Es habitual, cuando pensamos, rascarnos en la sien, así pues, si un carpintero se lleva la mano a la sien para rascarse mientras piensa, a la vez que tiene el lápiz entre los dedos, enseguida se dará cuenta de que puede dejarlo en la oreja, para de este modo disponer de ambas manos libres. Apuesto a que el mismo Leonardo Da Vinci era conocedor de esta técnica y sabedor de las ventajas que le reportaba. Ahora bien, me asalta una duda: ¿cómo es que este hombre, inventor de casi todo…, no inventó el lápiz plano de carpintero cuyo diseño permite un mejor ajuste ergonómico lápiz-oreja-sien? O…es que acaso… ¿sí que lo inventó y nadie lo sabe?. Revisaré sus dibujos, tal vez haya pasado desapercibido para los investigadores.
jueves, 22 de abril de 2010
Leonardo ya lo sabía
Las personas, a diferencia de los animales, seres estos infinitamente más inteligentes que nosotros, hacemos todo aquello que vemos hacer a los demás. Esto es debido a una ley muy primaria por la que se rige el ser humano desde sus orígenes, y que no distingue entre clases sociales. La ley del culo veo, culo quiero, viene a englobar en su desarrollo parámetros tales como la envidia o la falta de talento y/o personalidad. Con la sola aplicación de esta ley, es posible probar muchos de los repetidos comportamientos generalizados que, de forma cotidiana, podemos observar en cualquier parte, como por Ej., las modas. Que un chaval de doce años adopte, de la noche a la mañana, la costumbre de llevar un pantalón a medio caer, sin importarle enseñar los calzoncillos, o que muchas mujeres se den de guantazos en los mercadillos para conseguir el último bolso de imitación…de Dolce & Gabbana, son conductas culo veo, culo quiero. Sin embargo, aunque pueda resultar atractivo demostrar que, efectivamente, nuestras capacidades intelectuales o de raciocinio, inexistentes en los animales, no nos hacen superiores a ellos, no es ese el motivo de mis observaciones. Mi interés radica en otro tipo de acciones bien simples, (aunque no por ello dejan de ser fascinantes) que de forma automática el ser humano desempeña y que, aparentemente son más difíciles de explicar. Sea este el caso del consabido matrimonio que por los siglos de los siglos forme la oreja, cual fuera izquierda o derecha, de cualquier carpintero y su eterno lápiz; pensemos acerca de ello. Dudo que la colocación de dicha barra de grafito y madera, en la oreja, por parte de estos artesanos del embero y el sapeli, sea fruto de moda alguna. El origen de esta maravillosa maniobra hay que buscarla en la perfecta distribución mecánica de las articulaciones superiores que conforman nuestro cuerpo en relación al uso inconsciente que hacemos de ellas. (Las articulaciones). Si nos colocamos en la posición de trabajo del carpintero, bien sentados o bien de pie, y cogemos verticalmente un lápiz con la mano, podremos comprobar que, haciendo bascular el antebrazo sobre una bisagra imaginaria que sería el codo, y trazando una curva en dirección hacia nosotros mismos cuya cuerda correspondiera a la distancia entre los extremos de la hipotenusa de un triángulo rectángulo, siendo a la vez el codo el vertice del ángulo opuesto a la hipotenusa de dicho triángulo, el lápiz irá a parar justo a la parte superior de nuestra oreja, acoplándose entre ésta y un lateral de la cabeza de forma matemática y precisa. Es habitual, cuando pensamos, rascarnos en la sien, así pues, si un carpintero se lleva la mano a la sien para rascarse mientras piensa, a la vez que tiene el lápiz entre los dedos, enseguida se dará cuenta de que puede dejarlo en la oreja, para de este modo disponer de ambas manos libres. Apuesto a que el mismo Leonardo Da Vinci era conocedor de esta técnica y sabedor de las ventajas que le reportaba. Ahora bien, me asalta una duda: ¿cómo es que este hombre, inventor de casi todo…, no inventó el lápiz plano de carpintero cuyo diseño permite un mejor ajuste ergonómico lápiz-oreja-sien? O…es que acaso… ¿sí que lo inventó y nadie lo sabe?. Revisaré sus dibujos, tal vez haya pasado desapercibido para los investigadores.
martes, 20 de abril de 2010
La tontura del viajero
Otro extraño patrón de comportamiento colectivo que ha permanecido inalterable desde tiempos muy pretéritos, es el denominado tontura del viajero. Cuando viajamos, hacemos un montón de cosas raras, a cada cual más absurda. Para empezar, siempre hay una discusión por el número de asiento en el autobús o el tren. Procuramos sentarnos solos, nos molesta que alguien se siente a nuestro lado. Esta actitud es muy curiosa pues, es justamente opuesta a la que tenemos al salir de fiesta cuando, vamos de bar en bar buscando el que tenga más gente, el que esté más ambientado. Si el viaje es en tren, el cien por cien de los viajeros se levanta 15 minutos antes de llegar al destino y hace el último cuarto de hora del viaje en pie…¿? en el pasillo y con el equipaje entre las piernas, como si fueran a perder el turno para salir. Previamente, faltando 20 minutos para la estación, todo el mundo habrá llamado con el móvil para decir que ya está llegando, que le quedan 20 minutos. (Algunos llaman una segunda vez cuando faltan 5 minutos para decir que le quedan 5 minutos). En las estaciones de las grandes ciudades o en los aeropuertos, la gente se sienta en el suelo para comer o para navegar por Internet con el portátil…incluso los ejecutivos se sientan en el suelo y hablan por el móvil de negocios. Esta actitud me deja fascinado porque se ejecuta ¡habiendo asientos libres! Pero claro, es más chic sentarse en el suelo de una estación…aún en invierno, con lo frío que está. Pero lo que más me cuesta comprender sobre la tontura del viajero, es el hecho de que todo el mundo, al llegar a una ciudad nueva, se de la paliza de querer ver todos los museos y monumentos. (Nadie ve en la tele documentales sobre museos y monumentos). Al final, lo que a la gente le gusta de los viajes es ir a las tiendas y a los bares. Y, ¿Qué decir del tema foto? ¿Por qué todo el mundo se hace una foto delante de los monumentos? Es intrigante: el turista llega al monumento, dispara la foto, se da media vuelta y se va. ¿? Muchas veces, sin siquiera contemplar el monumento, vista o paisaje…durante un momento. Esta claro, las fotos solo son las pruebas para después demostrar y al mismo tiempo dar envidia a los amigos de que hemos estado en tal o cual sitio. -Mira, este “soy yo” en la torre Eifel, estos “somos nosotros” en el Vaticano. Algunos incluso demuestran por adelantado, cuando antes de que tú hagas un viaje te dicen: -no dejéis de ver la Fontana de Trevi y si tenéis tiempo llegaros a Florencia, se puede ver en una mañana, a nosotros nos encantó. Pensamiento avanzado: “La tontura del viajero, tanto si el viaje es de negocios como si es de placer, mantiene a la persona en un estado de imbecilidad sostenida, desde el mismo momento en que hace las maletas hasta su regreso”. Quien viaja, cambia temporalmente de estatus y se siente más importante. Esto hace por Ej., que en caso de retraso en el vuelo se manifieste una actitud de solicitud de atención exagerada:- es una vergüenza, llevamos 3 horas en el aeropuerto y nadie ha venido a decirnos nada. La propina en los hoteles al chico de las maletas es otro ejemplo claro de ese falso estatus de persona importante que el viajero adquiere por derecho. ¿Como si no se explica que la misma persona que regala 5 euros al botones, robe después las toallas o las pastillas de jabón de la habitación del hotel? Nunca dejo de sorprenderme.
jueves, 25 de marzo de 2010
Como la espuma
Pues ya lo veis, y que conste que no es mi estilo vanogloriarme de mis éxitos pero, estoy de moda...En solo diez días de vida, Filosofía de Vanguardia ha recibido elogios de lectores en España, Estados Unidos y Australia. Su popularidad crece como la espuma y está en boca de todos...Ahora, a mi pesar, tengo que guardar durante un tiempo la pluma que cuenta las ideas. Volveré...
martes, 23 de marzo de 2010
Road R.I.P.
El ramo de flores que se ve en la foto, lleva “operativo” varios años. (Alguien…lo renueva cada vez que se seca). Varios años reclamando la atención de paseantes, varios años distrayendo a los conductores y, varios años fastidiando porque, imagino que, lo mismo que a mí, a más de uno que pase a diario por ese lugar, le molestará sobremanera encontrarse con esa especie de santuario urbano que nos recuerda constantemente que en ese sitio, alguien murió de forma trágica. Una vez más, otro caso de conducta social repetitiva, tan incomprensible, como absurda. La práctica del Road R.I.P (así lo he dado en llamar) está tan extendida que son muchas las carreteras, tanto urbanas como peri-urbanas, que albergan en alguna de sus curvas o rotondas uno de estos santuarios. A ver, pensemos: ¿Por qué hay que poner flores, (y posteriormente reponerlas una y otra vez) en el lugar “exacto” donde alguien perdió la vida? Si sobre una base alquitranada, que en este caso sería la carretera, aplicamos al binomio muerte/lugar una equipolencia exponencial simplificada y la trasladamos al resto de maneras de morirse…querría esto decir que si, por Ej., yo me muero de un infarto en la silla de una cafetería, mi familia o amigos tendrían que llevar flores a esa cafetería y colocarlas en dicha silla periódicamente hasta la eternidad o, del mismo modo, deberíamos llevar flores de por vida a la habitación del hospital donde la gente fallece…Tendría que haber ramos de flores por todas partes… pero claro, ni en los hospitales está permitido, ni en las cafeterías está permitido…pero sí, en las carreteras donde, los que practican el Road R.I.P., lo hacen hasta el extremo de acabar sustituyendo las flores naturales por otras artificiales con el afán de convertir en perpetuo el recuerdo del accidente en cuestión. Yo entiendo, por Ej., que se arrojen flores al mar por un acantilado en honor a alguien que se ahogó, y cuyo cuerpo no se encontró jamás, pero, en un accidente de coche o moto, que yo sepa, la persona que muere, ni se la lleva el viento ni se la traga el asfalto sino que, es enterrada o incinerada en un lugar apropiado para el posterior ejercicio de culto o tributo.. Por todo esto, mi pensamiento avanzado resuelve que,: colocar flores en el lugar de un accidente, implica por parte de quien lo hace, el desajuste premeditado de sus estructuras racionales más básicas, con la única intención de obtener la compasión y atención que su mente necesita para fabricar el alimento emocional que mantiene viva su percepción masoquista del dolor. Estas personas, no pueden forzarnos a acudir al cementerio para hacernos partícipes de su sufrimiento, pero sí pueden, excusadas en la existencia de una tradición que no es tal, colocar “su cementerio” a nuestro paso.
domingo, 21 de marzo de 2010
Directamente proporcional
Una de las C.S.R. (conductas sociales repetitivas) mas absurdas que he analizado, es la que se produce cuando la gente está en presencia de un famoso. Hasta hace unos años, todo el mundo hacía una sola cosa en tal situación. Pedir al famoso un autógrafo. Hoy en día, se hacen dos cosas: primero echarle una foto con el móvil y después, pedirle el autógrafo. En ambos casos, se trata de llevarse de alguna manera una “prueba” de que han estado junto a…, cerca de…,o hablando con…tal o cual persona conocida, relevante o importante. Al mismo tiempo, las personas que se encuentran físicamente cerca de un famoso, manifiestan un estado de tontura superlativo que es directamente proporcional al nivel de popularidad del personaje en cuestión. Así, no será lo mismo la cara de idiota que muestra alguien que coincide en una firma de libros en Fnac con Boris Izaguirrre, que la cara de idiota que se le pone a esa misma persona si viera pasar muy cerca de el o ella a SSMM el Rey Juan Carlos I. Hay muchos/as que incluso, en el momento del encuentro con el famoso (después de hacerle la foto) telefonean de inmediato a sus amigos o familiares. –Oye, no te vas a creer a quien estoy viendo ahora mismo. Pero, ¿por qué sucede esto? Sin profundizar en otras valoraciones relacionadas al efecto, como los comportamientos en masa (fanatismo, idolatría), o la enorme influencia de la tele basura o prensa basura sobre la cultura de países como España, donde el número de tontos por famoso es mayor que en cualquier otro lugar del mundo, el pensamiento avanzado en relación al embrujo en sí que los famosos ejercen sobre las personas, me hace decantarme hacia una imperfección (adquirida gracias a una educación deficiente) en la autogestión de nuestra propia valoración personal.
viernes, 19 de marzo de 2010
Las sectas sociales: Facebook, Tuenti, Twiter.
Un día más, enciendo el PC, miro el correo y una extraña sensación de saber que ya sé lo que va a ocurrir me recorre el cuerpo. Desde Facebook, me llegan varias "sugerencias de amistad", y un montón de "invitaciones" para que me una a un grupo que se llama "Yo también le vi el cipote a Paquirrín en Fresa Ácida". Dejándome llevar por un mecanismo, sin lugar a dudas, gestado en mi cerebro de forma subconsciente por la falta de incentivos cognitivos y la negativa influencia subliminal de diversas acciones llevadas a cabo por terceros...que de forma lenta pero constante han ejercido su poderosa influencia sobre mi capacidad de decisión, y aún sabiéndome oveja descarriada en un rebaño de cibermanes y ciberwomens sin imaginación, ignorando la invitación, decido aceptar la sugerencia de amistad. De este modo, ya todos en Facebook saben que "Luis y Caty ahora son amigos". Menuda idiotez, porque Caty es mi hermana y la conozco desde hace 44 años. No tengo absolutamente ninguna duda en afirmar que Facebook, Tuenti o Twitter, no son sino sectas, que lavan el cerebro a todos a cuantos ingresan a lo que sus "lideres" en su día llamaron redes. En estas sectas, todo el mundo hace lo mismo, todos los días. Miles de personas por Ej., se jactan de haberle visto el cipote a Paquirrín en televisión y otras tantas de querer tener un hijo con Belén Esteban en otro grupo creado al efecto. Juegan a tontos juegos de identificarse con animales, películas o personajes de ficción y poco más. "Todos los días" hacen exactamente lo mismo. Facebook, Tuenti o Twitter, además de convertir a sus seguidores en autómatas sin recursos para aportar "algo" a la comunidad de Internet, fomentan el deterioro de la inteligencia y la vagancia. En las sectas sociales no se enseña nada, no se aporta nada. Quien participa, no hace nada distinto, en realidad, no se comparte nada excepto fotos familiares y citas de pensadores célebres. ¿Por qué todos escriben citas de pensadores célebres? ¿Es que no hay nada más que decir? ¿Ya está todo dicho, todo escrito? ¿Donde está el talento, la creatividad, el ingenio? Si al menos las citas fueran propias...Al igual que en ciertas religiones sectarias donde los fieles entregan un diezmo de su patrimonio a la comunidad, en las sectas sociales también (aunque nadie repare en ello) se hace algo parecido. ¿Cuánto tiempo se dedica a Fecebook, Tuenti o Twitter? Mucho, algunos/as lo tienen abierto todo el día o durante todo el tiempo de trabajo. El tiempo es dinero y se le da mucho, muchísimo de nuestro tiempo y, en consecuencia dinero, a las sectas sociales. Pensamiento avanzado: si no aprendemos a conocer y manejar el extraordinario poder de esta infinita ventana al conocimiento que es Internet y que todos tenemos en casa, mal camino llevamos, porque siempre estaremos intelectualmente gobernados por quienes sí lo aprenden y que, desgraciadamente se suelen aprovechar de ello.
miércoles, 17 de marzo de 2010
La filosofía de vanguardia y el pensamiento avanzado
La filosofía de vanguardia (para algunos, filosofía de alto rendimiento) nació como tal a raíz de mis observaciones sistemáticas acerca de la extraordinaria similitud en determinados comportamientos banales de la mayoría de las personas. Es decir, de la inquietud científica que me provoca el conocimiento de la tontura humana. Siendo así y para poder comprender a la perfección este amplísimo campo aún sin explorar, me vi en la necesidad de implementar la insuficiente potencialidad de la filosofía convencional con un elemento nuevo, moderno y altamente eficaz: el pensamiento avanzado. Esta versátil herramienta de reflexión, el p. avanzado, me acompaña en el día a día allá por donde voy y me ha servido entre otras cosas para formular respuestas de complejísima resolución tales como: ¿por qué en las procesiones de Semana Santa en Andalucía todo el mundo come pipas? u otras aún más fascinantes y difíciles como ¿por qué en los restaurantes chinos todo el mundo pide para comer rollo de primavera, arroz tres delicias y pollo al curri? La filosofía de vanguardia, edificada sobre los poderosos cimientos del pensamiento avanzado, me ha abierto todo un mundo de posibilidades al estudio más elevado de la increíble capacidad del ser humano para acometer actos recurrentes y/o en determinadas ocasiones absurdos, de semejante magnitud, que para beneficio de todos, merece ser compartida.






