miércoles, 28 de septiembre de 2011

INRI

Año 1977, Jaén. Ese niño que ejerce de profeta en la hornacina de la pared, soy yo. Tenía 12 años y los chicos que imploran bajo mis pies, son mis compañeros del colegio.


En esta otra foto, quizás tomada el mismo día,  mis amigos me crucificaban con los palos de una portería de balonmano durante el recreo.



Nunca he sabido de la  existencia de la primera foto y cualquier recuerdo de  lo ocurrido ese día de la hornacina en la pared estaba totalmente borrado de mi memoria. De la ceremonia de crucifixión si que guardaba un vago recuerdo pero, tan vago, que siempre he dudado de su realidad.  Ha sido gracias a uno de esos compañeros del colegio que ha tenido la buena idea de subir las fotos a Facebook, que he podido recuperar estos momentos  perdidos desde la adolescencia. Pero vamos al grano. Las siguientes dos fotografías están tomadas 30 años después. Resulta desconcertante la increíble similitud en el contenido de estas imágenes con las dos anteriores. La improvisada elección del hueco en la pared, de dimensiones y altura desde el suelo similares a la hornacina de la foto de 1977 en la primera toma, y la firme decisión de quererme inmortalizar con los  los brazos en cruz en la segunda, tal cual sucediera en el patio del colegio cuando era un niño, me hace pensar que ambas atípicas y extravagantes actitudes  no han sido fruto de la casualidad. 



Reflexiono sobre la hipótesis de que  sendos posados fueron imaginados en mi mente de manera inconsciente debido a la  posible asociación interna entre mi memoria profunda y mi estado de conciencia natural. Creo que, sin saberlo, todos guardamos en nuestro cerebro información muy lejana en el tiempo, información que, seguramente, en su momento fue retenida en nuestra memoria porque era importante para nosotros. (A un niño no lo crucifican todos los días). Luego, sin embargo, diversos factores puramente biológicos intervienen en la reordenación de esa información hacia capas muy profundas de nuestro pensamiento. No me cabe otra explicación. ¿Por qué iba a yo a querer meterme en una hornacina o hacerme el crucificado, y para más INRI, hacer ambas cosas en el mismo día?

jueves, 2 de junio de 2011

Mitad y mitad

Me compré una tele súper moderna de cuarenta pulgadas. A los pocos días, cuando me fui a la cama, me asaltaron las dudas. Al día siguiente la descambié por otra mucho mayor. Cuarenta y seis pulgadas de satisfacción y asunto arreglado. Luego encargué un mueble para poder colocar la tele. El mueble era súper-híper moderno también y así, mientras lo fabricaban, decidí pintar el salón para matar dos pájaros de un tiro. Elegí una pintura súper-híper-mega moderna de lo más chic que por su nombre (Kalajari), me aseguraría el éxito. Calculé, obré y pinté una de las paredes de la futura sala de estar. Acabé, miré, me senté y pensé:-Que bien está, que buena idea ha sido pintar una de las paredes de este color teja. Me fui a la cama y justo antes de dormir me asaltaron las dudas. Al día siguiente sentía como dentro de mi cabeza se libraba una guerra terrible entre mi yo verdadero y mi verdadero yo y, tras abandonar súbitamente la idea de desayunarme una tercera magdalena de la Bella Easo, me puse manos a la obra y me fui a comprar otra lata de pintura, esta vez de color champagne y de nombre Arena. Repinté la susodicha pared y me dije: - ¡A tomar por culo el Kalajari! ¡Bienvenida pared de color champagne! Entonces llegó el mueble. Vinieron dos hombres, uno gordo y el otro no. El gordo me cayó gordo desde el principio pues su forma de trabajar no era de mi agrado. Mientras iban montando el mueble algo dentro de mi (algún ángel de la guarda supongo) me decía…¡vaya mierda de mueble! y, resignado sufrí la maniobra de estos dos señores. Cuando se marcharon me quedé mirando el mueble (el mismo que en la tienda parecía tan bonito) y entonces me derrumbé. –Joder, me dije, no doy una, además, ahora no se ve la pared champagne con efecto arena. Me fui a la cama y, como no, me asaltaron las dudas. Esa noche dormí fatal. Al día siguiente, mi otro yo quería empezar otra batalla pero no le di opción. Pensé, -¿estar toda la vida mirando un mueble que no me gusta?. No. Mientras yo tenga dos manos esto no va a pasar. El mueble no se puede descambiar pero yo…puedo rediseñarlo y reconstruirlo. Así, no habiendo transcurrido ni siquiera venticuatro horas desde que los dos tipos instalaran aquel tetris de melamina y cristal, me puse a desmotarlo por completo. Un mes después y tras muchas horas de carpintería, “otro” mueble de corte minimalista habita en el salón. Ahora me siento bien cuando lo miro y además, lo he hecho yo…Llegó el momento de comprar la alfombra. Las medidas estaban pensadas y requetepensadas. Compro la alfombra (por supuesto, una alfombra de última generación), la coloco…-umm, queda bien. O…no…,no se, parece que es muy grande. Me voy a la cama y una vez más, me asaltan las dudas. Al día siguiente desayuno tranquilo. Esta vez si que me como la tercera magdalena porque debajo de la manga guardo el as de la templanza. –Bien Luis, ahora, cuando acabes de desayunar vas a buscar un cúter y vas a cortar la alfombra a la medida adecuada. Después hablarás con el zapatero del barrio para que te oriente acerca de la forma idónea de rematar el corte con una aguja especial y un hilo fuerte y para la tarde, la alfombra estará reparada. Y así lo hice. Y luego llegó el momento de buscar una solución para la ventana acorde al nuevo salón. Días y días pensando y diseñando para al final decidir instalar unos paneles japoneses. El sistema de mecanismos de los paneles japoneses de Ikea conformado en base a una manufactura bastante precisa me hizo decantarme por esta solución. Armado hasta los dientes con muy buenas intenciones ataco de nuevo…-esta vez no puedo equivocarme, me dije. Monté los paneles  y…una de las veces que bajé de la escalera, cuando todo parecía ir bien en mi cabeza, un extraño escalofrío me recorrió de arriba abajo. – joder, no puede ser, hace un momento me parecía perfecto y ahora ya no…¿Qué coño me pasa?. Me fui a la cama muy decepcionado y, por supuesto, me asaltaron las dudas. Al día siguiente, fue visto y no visto. Desmonté los paneles y los devolví. Pondré estores…y algún día terminaré el salón.Todo esto me lleva a una reflexión: todo lo que tengo de listo lo tengo de tonto. Pero muy lejos de ser esto un problema quizás sea lo mejor. Los que son tontos del todo nunca dejan de ser tontos. Los que son demasiado inteligentes acaban por volverse locos o tontos también. Yo, al tener mitad y mitad, digamos que estoy compensado. Quizás es necesario ser un poco tonto y tal vez esto explique por qué muchas personas inteligentes se hacen los tontos alguna vez para coseguir aquello que no pueden conseguir siendo listos.


sábado, 12 de marzo de 2011

Fútbol


Como en todos  sitios cuecen habas, aquí también hay crisis de ideas. Por eso prefiero no escribir nada a contar menos. Es lo que tenemos los pensadores, sobre todo los de última generación, que nos ponemos a decir tonterías y no hay quien nos pare. Y como para   hablar de los problemas cotidianos políticos y sociales, ya están otros, pues yo me limito a lo mío, el análisis profundo y vertical descendente de la mente del ser humano  a través de la observación sistemática de los principios evolutivos del mismo razonados eso sí, sobre una  hipotética base (en teoría exponencial) de sus comportamientos más extraños. Siendo así, hoy me voy a referir a una de las conductas colectivas más sorprendentes y que afecta a la casi totalidad de los hombres: la afición al fútbol. Quedan excluidas de este estudio las mujeres quienes, por h o por b, no han sido cortadas  por el creador con el mismo patrón, -a ellas les dio otras formas de divertimento  como el cotilleo y/o la obsesión por la belleza para sentirse siempre observadas-. Como iba diciendo, el fútbol  provoca en el  cerebro del individuo masculino una presión tal, que es capaz de anular su capacidad de razonamiento hasta un punto desmesurado. Por el fútbol, el hombre ríe, se siente bien, y hasta se le quitan todos los dolores pero también, por el fútbol , el hombre   llora, enferma, incluso muere.  El fútbol puede hacer que un hombre esté pletórico o esté hundido, receptivo o agresivo, resumiendo, el fútbol domina su mente. ¿Por qué?. La respuesta, una vez más, es obvia, la inteligencia del ser humano, en este caso la masculina es, por naturaleza, bastante pobre. Además de esto, creo que se pueden deducir varias teorías acerca de la repercusión que tiene el fútbol sobre los mecanismos de funcionamiento de las cabezas varoniles y que justifican en sí, dicha falta de razón. La primera sería la necesidad, que en principio todos tenemos desde la infancia, de llenar el vacío de talento -que de forma natural habría de hacerse mediante la práctica de disciplinas tales como la música, la pintura, o cualquier otra actividad  artística que pusiera de manifiesto dicha supuesta habilidad creativa- a través de la entrega de nuestro tiempo  al seguimiento cotidiano de la obra y gracia de ciertos “ídolos” que desarrollen  ese trabajo por nosotros. Así, la destreza y el ingenio de dichos ídolos sería nuestra destreza y nuestro ingenio. Esto justificaría que “todos” sepamos de fútbol: cómo jugar, qué jugador tiene que jugar, cómo plantear un partido, etc. Otra teoría puede ser el comportamiento en masa. La teoría del comportamiento en masa da para mucho, desde hacer las cosas porque las hacen los demás, hasta la ejercitación de nuestros instintos más precarios y/o animales por el simple hecho de estar "en manada”. En este caso la teoría demostraría el porqué de los insultos al árbitro, o los  comportamientos incívicos en los post-partidos. Yo me inclino más por la primera teoría, entre otras cosas, por lo siguiente: Los aficionados que viven en ciudades que no tienen equipo en 1.ª división son siempre seguidores de equipos importantes como Real Madrid o FC Barcelona. Es decir, un aficionado no puede “presumir” de ser de un equipo de segunda o tercera división. Volviendo a lo del talento, sería como decir “yo sé medio-cantar o yo no sé hacer nada especial, soy vulgar”. Siendo seguidor de un equipo de 1.ª división, sí que podemos presumir y de paso –por la regla de todos somos más malos de lo que parecemos- humillar (que nunca viene mal) al del equipo contrario cuando nuestro equipo gana al suyo. Los que viven en ciudades sin equipo en 1.ª división siempre eligen ser del Madrid o del Barça  porque ya puestos a buscar “representante de nuestro talento”, elegimos al mejor. Los que viven en ciudades con equipo en primera, como Madrid, Barcelona, Sevilla, Bilbao,  etc, son siempre seguidores del equipo de su ciudad. Están orgullosos de sus equipos porque son equipos de primera y por ello no tienen que  buscar representantes. Por todo ello  me atrevo a decir que: quien tiene bien implementado su conocimiento en el sentido de ser capaz de  desarrollar un mínimo de talante imaginativo no tendrá nunca la necesidad de utilizar los recursos de admiración y seguimiento incondicional hacia equipos de fútbol y/o jugadores determinados, al menos hasta el punto de sentirse emocionalmente afectado por ellos.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Dejar de fumar, un segundo


Hoy, hace un año que dejé de fumar. Ya no tengo los dedos amarillos, mis dientes están más blancos y ahora mis catarros duran cuatro días en lugar de 16. Tengo mejor color de cara, puedo subir 20 pisos por las escaleras sin cansarme y puedo estar en un centro comercial mirando tiendas tranquilamente, sin sentir ese demonio dentro de mí que me pedía salir a la calle constantemente para encender otro y otro y otro y otro y otro cigarro más. Hoy, hace un año que no tengo que darle explicaciones a mis pulmones, discutir con mi sentido común, ni convencer a la gente que me rodea de cosas, que ni yo mismo creía y hoy, hace un año que soy libre. Libre, porque he dejado de meterme en la boca 7.500 cigarros que, a razón de diez caladas por cigarro hacen, 75.000  veces que he dejado de respirar humo con su correspondiente alquitrán, nicotina y resto de sustancias venenosas. A mi vida han regresado olores perdidos 20 años atrás y ahora, la comida me sabe más rica. Por si fuera poco, he ahorrado 1.200 euros que, a lo mejor, me gasto en una tele de 40 pulgadas. Y todo esto, que yo sepa porque, además, según los médicos, las mejoras para mi salud son innumerables. Pero lejos de estadísticas y celebraciones, ahora lo veo mejor, ahora estoy en el otro lado. Cuando observo a la gente que fuma me doy cuenta de lo terrible que es el tabaco para la humanidad, está claro, el tabaco es el cáncer del mundo, pero del mundo de los humanos. Tantas personas en todos los lugares con el cigarro en la mano haciendo siempre lo mismo, a todas horas, me hace pensar que el ser humano es tan pobre de inteligencia que, ni el más tonto de los animales. ¡Cómo si no se explica que éstos huyan del humo y nosotros por el contrario, lo metamos dentro de nuestro cuerpo!. Nuestra capacidad de razonar también es nuestra capacidad de convertirnos en idiotas. Idiotas que se transforman en adictos a un ritual tan absurdo y estúpido, como encender cigarros y fumarlos. Sí, ya se que diréis que el tabaco es más que todo esto, que tiene ciertos componentes que lo hacen muy poderoso, y que   genera una dependencia física muy difícil de superar y bla, bla…y bla, bla… Tonterías, que me perdonen los fumadores por llamarlos idiotas, pero lo son, como yo lo he sido durante más de 20 años. Si durante esos 20 años yo hubiese sido un perro o un gato, nunca hubiera fumado. Esto es así y no existe argumento que me pueda demostrar lo contrario. La inteligencia racional de la que los animales carecen, y que en teoría nos hace superiores a ellos, es la única responsable de que fumemos, por eso, es esa misma inteligencia la que tiene que superponerse a la adicción, psíquica o física. Yo no pretendo que este artículo sea un tratado para dejar de fumar, ni el discurso excesivamente exultante de un ex fumador que quiere dar clases de nada… a los fumadores. Solo quiero aportar mi grano de arena y que mi experiencia sirva para que alguien, como yo, pueda acometer con éxito la empresa de  abandonar el hábito del tabaco. Dejar de fumar no es tan difícil como lo pintan, creerlo así es un error como tantos errores y falsas creencias hay en la vida. Es más, dejar de fumar es muy sencillo. Lo de la adicción, el mono y todo eso, es una chorrada. Solo dura unos días. ¿Quién no es capaz de estar unos días agobiado? Una gripe dura una semana y nadie se muere. Un dolor de muelas puede durar ¡meses! y nadie se muere. Una mala resaca es peor que el peor de los días que duró mi síndrome de abstinencia. Algunos tenéis resaca todos los fines de semana…Pero claro, es muy fácil apoyarse en la excusa de que el tabaco es una adicción universal, que si tantos millones de personas no pueden dejarlo por algo será, etc, etc. Yo voy a exponer mi teoría, el que quiera creerme no hará sino dar su confianza a los pensamientos de otro, cosa que, por cierto, hay que hacer de vez en cuando: “El hábito del tabaco es un cable suelto en nuestra cabeza, solo hay que encontrar ese cable y enchufarlo”. Se tarda un segundo en hacerlo. Ese es el tiempo que yo tardé en dejar de fumar.


domingo, 3 de octubre de 2010

Yo y mi aburrimiento


Diecisiete de Agosto, playa de La Salvé, Laredo, Cantabria. Con el cielo todavía naranja, yo y mi aburrimiento nos vamos a la caza y captura de personas que se comportan de forma extraña y cuyas conductas coinciden con las de otras, que a su vez imitan a muchas y muchas más. Parece ser que en vacaciones la gente se desinhibe en cuanto a su manera de sobreactuar y, por supuesto, copiar a los demás. Esta es la primera conclusión que saqué nada más poner mis zapatos (que no mis pies) en la arena y ver a una docena de hombres cincuentones de gran barriga cervecera que caminaban al trote (se supone que haciendo deporte) en dirección contraria a otra docena de, en este caso, mujeres cincuentonas que no tenían barriga pero si un enorme culo muy mal disimulado por el pareo de marras y que también caminaban al trote, un nutrido grupo de gente muy chic haciendo tai chi a las órdenes de un argentino muy che que se parecía a Sandokan, y un par de otros volando cometas. Resumiendo, que yo era el único que estaba en la playa a las ocho de la mañana sin hacer cosas que se hacen en la playa a las ocho de la mañana. Durante un buen rato anduve perdido en el pensamiento de saber que si al día siguiente, o al otro, o al otro, o al otro…volvía a la playa a las ocho de la mañana, me volvería a encontrar a otra docena de hombres y mujeres caminando al trote, otro nutrido grupo de gente chic haciendo tai chi a las órdenes de un profesor argentino muy che, y otro par de otros volando cometas y, por supuesto, sabiendo que si volvía a la playa al día siguiente, o al otro, o al otro, o al otro…volvería a ser testigo del, a mi juicio, comportamiento social repetitivo por excelencia de las ocho de la mañana en cualquier playa del mundo mundial: el paseo a pies descalzos (sandalias/playeras/mocasines/etc. en mano) por la orilla del mar. De todas las tonterías que se pueden hacer en la playa, es la de pasear descalzos por la arena, la que seguramente pone de manifiesto de una forma más elevada, la idioted humana. Porque, si bien es cierto que al primer golpe de mar, nuestros pies, por aquello de saberse eternamente libres en un paraíso de agua y espuma y horizontes de barquitos veleros, se relajan y se muestran muy agradecidos, después de apenas diez o quince minutos, se van a ver sometidos a la tortuosa tortura de tener que soportar nuestro peso por un terreno hostil como no hay otro: la arena de la playa. No entiendo como tanta gente es capaz de caminar en tan malas condiciones durante tanto tiempo (algunos lo hacen durante horas) cuando, la verdadera sensación de placer y bienestar para los pies llegará en el momento en que abandonemos la arena de la playa y, tras calzarnos los zapatos, pisemos firme sobre terreno duro. Pensamiento avanzado: en la playa hay que hacer cosas de playa y punto. Caminar por la orilla es bueno porque todo lo que pase junto al mar es bueno, porque para eso es el mar, y los pies no pueden sufrir porque lo diga el filósofo este de pacotilla.

martes, 13 de julio de 2010

Premios Blogdeldia

Blog nombrado Blog del Día el 
 13/07/10
Toca agradecer a los chic@s de Blogdeldia, el reconocimiento hacia Filosofía de Vanguardia como blog protagonista de su web en el día de hoy, 13 de Julio de 2010. ¡Hasta me han entrevistado!

miércoles, 30 de junio de 2010

Eureka


Hoy, mientras caminaba, vi tirado en el suelo y cara arriba, un creditrans (billete de transporte de Bizkaia) de 5 euros. Tenía marcas negras, como de haber sido pisado. Mi primer pensamiento fue: -estará agotado, alguien lo habrá desechado. Tres o cuatro metros más adelante, sentí un impulso, tuve una corazonada, una intuición que me hizo darme la vuelta y volver a por el susodicho ticket. Al mirar su reverso comprobé que tenía un saldo de 4.29 euros. Luego, mientras lo usaba muy felizmente en la canceladora del metro, embriagado por el sutil aroma de mi buena suerte y preso del eco de la voz en off de ese espíritu tio sobrino de Lucifer que todos llevamos dentro...y que nos hace ser a veces malos, malísimos, tan preso, que me hizo incluso jactarme sin remordimientos de la torpeza de la persona que perdió el creditrans, me puse a pensar en lo ocurrido. Habida cuenta de que yo no soy persona creedora en impulsos tarotianos, corazonadas astrofundamentadas, o intuiciones de ramita de romero, cavilando y cavilando y solo un momento después, aun sin estar sumergido en fluido alguno , ni habiendo líquido desalojado que pesar, pero, eso sí, experimentando como el ascensor de la estación ejercía sobre mi cuerpo un empuje vertical y hacia arriba..., cual matemático, físico, ingeniero, inventor y astrónomo griego, Don Arquímedes de Siracusa, grité: ¡Eureka!. Había comprendido por qué había vuelto a por el billete. El análisis parametral de los cálculos porcentuales acerca de las probabilidades algebraicas de que el creditrans tuviera saldo o no, apenas me llevó unos segundos. El razonamiento sobre la relación entre el sorprendentemente corto espacio de tiempo que mi cerebro empleó en el estudio y compresión de dicho análisis y mis verdaderas habilidades matemáticas (las mismas de una persona normal y corriente), me llevó a la conclusión de que, en cierto modo, yo "ya sabía" con anterioridad al momento de volver a por el billete, que éste tendría saldo. En realidad, todos los que usamos creditrans lo sabemos. La probabilidad de que alguien lleve consigo un creditrans sin saldo es muy baja pues, el resto acumulado en el ticket tras el último viaje siempre se suma (la máquina nos hace introducir el billete viejo) al nuevo creditrans que adquirimos y en ese momento, cuando tomamos el nuevo billete de la máquina, el viejo es desechado por nosotros. (Casi todos lo rompemos y lo depositamos en las papeleras del metro). De este modo, logaritmos neperianos aparte, se puede asegurar que casi cualquier billete creditrans encontrado en la calle siempre tendrá algo de saldo y la probabilidad de que ese saldo sea suficiente para hacer, al menos 1 viaje, es mayor a la probabilidad de que sea insuficiente. Aunque depende del destino, el precio medio por viaje es de 0.70 euros. Cada billete es válido para unos 7 viajes. Cualquier billete encontrado (perdido) en la calle habrá sido usado entre una y siete veces. Considerando la octava vez (en caso de que el billete no acabe roto en la papelera del metro) como otra posibilidad y la peor de las opciones (para quien encuentra un billete en la calle), la probabilidad de que el creditrans tenga un saldo insuficiente para hacer 1 viaje o esté completamente agotado es de una entre ocho, un 12,5 %. La probabilidad de que disponga de saldo para 1 viaje será también de un 12.5%, y lo mismo para 2,3,4,5 ó 6 viajes. (No podremos encontrar un billete para 7 viajes pues nadie compra un creditrans y se sale del metro sin usarlo). De este modo, si sumamos las probabilidades de encontrar un billete para 1,2,3,4,5 y 6 viajes más la mitad de la probabilidad del billete con resto que puede estar agotado o no, nos da un total de 81. Es decir, la probabilidad de encontrar un billete "válido" tirado en la calle es del 81%. Un verdadero matemático no dudará en discutirme estos números, es probable, y nunca mejor dicho lo de probable, pero no creo que me aleje mucho de la realidad. De todos modos, no es esto lo interesante del asunto. Antes dije que "en realidad, todos los que usamos creditrans lo sabemos". Así es. Aunque no nos dediquemos a hacer estos cálculos porcentuales de manera premeditada, nuestra mente, ya lo hace por nosotros a través de nuestro inconsciente. Pensamiento avanzado: Los presentimientos son en realidad motivaciones en nuestro intelecto de origen subliminal que nos empujan a realizar de forma súbita acciones que realizamos sobre la base de un conocimiento anterior.